LOS HOMOSEXUALES

17 abril 2009

En Levítico 18, 22 dice Dios “No te acostarás con varón como con mujer: es abominación”.

Pero en ese mismo capítulo aparecen también mandamientos de tipo sexual ya superados como (versículo 19) “No te acercarás a una mujer durante la impureza menstrual, para descubrir su desnudez”. En Levítico 20, 18 llega incluso a legislarse cuál es la condena: “El que se acueste con mujer durante el tiempo de la regla descubriendo la desnudez de ella, ha puesto al desnudo  la fuente de su flujo y ella también ha descubierto la fuente de su sangre. Ambos serán exterminados de entre su pueblo.”. Sin duda, la rigurosidad de la ley que se propone en el antiguo testamento no encaja con la mansedumbre de Jesucristo, que se dejaba incluso abofetear agachando la cabeza. Aunque sea más incómodo de seguir, creo que este último Jesucristo, el que se deja humillar, encaja mejor con el modelo que yo veo en mis oraciones. Jesucristo encaja mejor en el modelo de las bienaventuranzas que en el de las prohibiciones rigurosas.

(¡Qué curioso el siguiente mandato: “El hombre que tenga los testículos aplastados o el pene mutilado no será admitido en la asamblea de Yahveh” (Deuteronomio 23, 2)).

Total, que para averiguar cuál es el punto de vista cristiano sobre la homosexualidad es mejor recurrir al propio Cristo, a su ejemplo y a su palabra. Voy a intentar desmontar los tres argumentos más empleados para odiar a este colectivo :

  • Jesús siempre intentó acercarse a los marginados e incluso excluidos de la sociedad. En su tiempo eran los leprosos y los cobradores de impuestos (a pesar de que los judíos creían en ambos casos que Dios estaba de su lado: a los leprosos se les expulsaba porque lo prescribía el antiguo testamento, y a los publicanos (recaudadores de impuestos) se les consideraba traidores porque trabajaban para Roma en lugar de para ellos, el pueblo elegido de Dios). Hoy el equivalente son los enfermos de sida, inmigrantes sin papeles, homosexuales… parte de la sociedad los rechaza creyendo que es lo correcto.
  • Con los más de seis mil millones de habitantes que tiene el mundo, la manera de contribuir a la perpetuación de la especie humana no está tanto en procrear más (eso era lo razonable desde hace 200 años hacia atrás) sino en distribuir mejor los recursos y cuidar el entorno. Un homosexual o un asexual puede contribuir a la perpetuación de la especie tanto o más que alguien que tenga muchos hijos.
  • Jesucristo, en las ocasiones en las que fue preguntado por temas sexuales recondujo las respuestas para centrarse en lo que realmente consideraba interesante: la problemática social de egoísmo y de aplicación de la ley buscando el propio beneficio en lugar de buscar el amor. (ver el capítulo en el que hablo del sexo). Jesús no habla nunca de la homosexualidad, por lo que deduzco que no debe ser un asunto tan importante para la fe como algunos lo están tratando. En el comportamiento de Jesús parece mucho más grave la hipocresía, el fariseísmo, el odio o la aplicación de la Ley del antiguo testamento con dureza en lugar de buscar la conciliación y el amor. Así que, desde dentro de la iglesia católica propongo, en primer lugar, dejar de ver la paja en el ojo ajeno (de los gais) demostrando con ello tener una viga en el propio (por intentar excluirlos cuando Cristo no lo hizo y es un tema en el que no está del todo claro quién actúa por amor). En segundo lugar, aplicar Lc 6, 36-37, es decir, no castigar a nuestros hermanos tan a la ligera. Por decirlo suavemente: ¿por qué habláis con rotundidad contra el amor y la compasión en un tema en el que Cristo no habló con claridad?