¿DEBERÍAN SER MÁS PARTICIPATIVAS LAS MISAS?

11 abril 2009

Si me apunto a una universidad lo que quiero es escuchar al catedrático de turno y aprender de él. No busco aprender de los otros alumnos, que quizá sepan del asunto en cuestión incluso menos que yo. Si hago una práctica en la universidad acerca de realizar un determinado experimento, prefiero que esa práctica haya sido diseñada por los catedráticos de acuerdo a unos objetivos. No me interesaría una actividad práctica diseñada por los propios alumnos salvo que haya estado supervisada por quienes más saben. De forma parecida, en principio no me interesa una misa diseñada por la gente de la calle, entre otras cosas porque sé que la mayor parte de las personas normales se consideran enemigos de la misas.

Veamos otro punto de vista:

Uno de los objetivos de una misa dominical, que se podría resumir en la palabra “comunión”, consiste en que todos los cristianos del mundo celebremos el mismo día (el domingo) un mismo acontecimiento (la resurrección del Señor). Ya que no podemos celebrarlo todos juntos, porque vivimos dispersos por los cinco continentes, por lo menos nos sentimos unidos si celebramos más o menos lo mismo. Aunque en distintos idiomas, que el ritual sea más o menos parecido. Eso une. Expresar las opiniones propias, como hago yo aquí, supongo que está muy bien, pero no une porque cada uno tiene sus propias opiniones. Quizá si esto se hiciera en misa serviría más bien para originar discusiones y para enfrentarnos. Por eso las opiniones individuales de cada uno se deben mostrar en otros foros (como por ejemplo este blog).

¡Qué gusto da celebrar algo! Cuando me reúno con mis compañeros de trabajo para celebrar, por ejemplo, que llega la Navidad olvidamos nuestras discrepancias por un rato y nos unimos con alegría al moderno ritual de la cena de empresa. De la misma manera, para celebrar la resurrección de Cristo lo mejor es escuchar todos juntos, olvidar nuestros particularismos, rezar por absolutamente todo el mundo, y recibir a Cristo (como Palabra al escuchar los evangelios, como Amor al darnos la paz con los desconocidos que tenemos al lado, como Cuerpo siguiendo el mandato de Jesús en la última cena, etc.). Todo eso lo hacemos en la misa, y dejar de acudir implica dejar de sentirse unido al resto de los cristianos en este camino tan duro.

Que todos seamos uno, como pedía Jesús en Jn 17.