EL SEXO, TRATADO EN LOS EVANGELIOS

14 abril 2009

Si preguntamos por ahí fuera a la gente lo que les sugiere la palabra pecado, la mayoría pensará en el sexo.

Si preguntamos por las prohibiciones que más repite la jerarquía de la iglesia católica, la mayoría de los encuestados pensará en sexo: que los obispos prohíben todo lo relacionado con el sexo.

Poca gente recuerda a los obispos pidiéndonos que amemos al prójimo como a nosotros mismos, o que defendamos la paz, o que defendamos la naturaleza al entenderla como patrimonio de toda la humanidad en lugar de malgastar egoístamente los recursos.

En los evangelios yo percibo un enfoque distinto por parte de Jesús. Las críticas más duras se dirigen contra los hipócritas y religiosos (fariseos) por quedarse en la superficialidad de la religión sin entender la raíz: el amor. La mayor parte de los sermones hablan de descubrir un nuevo enfoque de la vida, de descubrir el amor de Dios y dejarse llevar. Sólo unos pocos pasajes hablan de sexo y en todos ellos me da la impresión de que el sexo es algo secundario, de forma que lo que realmente justifica esas palabras es algún problema de tipo social.

Por ejemplo, las críticas de Jesús al divorcio están más que justificadas porque en los divorcios hay engaño y se generan sufrimientos. ¿Qué matrimonio va a volcarse en amar a su cónyuge de forma totalmente desprendida si todo lo invertido se puede volatilizar alegremente en cualquier momento? Amar sin divorcio es regalar estabilidad y tranquilidad al cónyuge.

La intervención de Jesús para evitar la lapidación de una adúltera (a pesar de que encajaba con la Ley del antiguo testamento) está en mi opinión justificada para enseñarnos lo que es el perdón y la misericordia.

En el adulterio se engaña al cónyuge y se propicia la ruptura del matrimonio, en la fornicación se propicia el nacimiento de hijos sin padre conocido (recordemos que en aquella época no abundaban los métodos anticonceptivos) así que es una irresponsabilidad de consecuencias sociales perjudiciales para el prójimo, por lo que debía evitarse.

En Mt 22, 24 le preguntan por el levirato. Su respuesta consiste en quitarle importancia al tema de cara a la vida eterna. ¡Claro! Si la pregunta es ¿de quién será esa mujer en la vida eterna? es que hay un ánimo de avaricia y de posesión, con lo que la respuesta debe ir encaminada a que seamos más desprendidos. Siempre la doctrina sexual de Jesús es la doctrina del amor desprendido que se aplica al sexo como se aplicaría a cualquier otro ámbito de la vida.

La famosa frase de “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 28) no creo que busque criminalizar a toda la humanidad sino explicar que lo malo del pecado es su raíz, sus intenciones, la falta de amor. Esa es la clave que nos va a permitir diferenciar qué acciones son malas y cuáles no. En lugar de mirar la letra pequeña de la Ley (como hacían los judíos) hay simplemente que buscar el amor en cada una de nuestras acciones. Cristo no propone un listado de prohibiciones y obligaciones (muchos cristianos hoy día sí quieren ese listado y aplicarlo a rajatabla de manera quisquillosa). Cristo propone un mandamiento muy sencillo (amar) y está en nuestra libertad, flexibilidad y capacidad de razonar el aplicarlo en cada una de nuestras acciones.

Respecto al sexo debo aclarar tres cosas:

  • por lujuria se comenten muchas barbaridades y se hace mucho daño: hay que controlarla.
  • en el sexo se tocan intimidades muy delicadas de la persona, de ambos. No hay más que ver la cantidad de dudas y tormentos que se publican en los consultorios sentimentales de las revistas para convencernos de que es un tema muy delicado en el que se puede hacer mucho daño sin darnos cuenta. Por tanto: andar con pies de plomo en temas sexuales.
  • la fornicación fuera del matrimonio sin preservativo y sin compromiso de asumir la propia responsabilidad ante posibles embarazos es una actitud muy egoísta y que puede hacer mucho daño a la mujer. Está más que justificado por tanto que hace veinte siglos se dijera tajantemente: fornicación no. (Aparte de los embarazos están también los riesgos de tipo sentimental y afectivo, pues compartir la intimidad sin asumir un compromiso crea una sensación de vaciedad dañina)

Que cada cual saque sus conclusiones. La mía no sería prohibir todo tipo de sexo antes del matrimonio, pero tampoco tomarlo como un juego.