EL ESPACIO Y EL TIEMPO

17 abril 2009

Dios ha creado el espacio y el tiempo. Está fuera de ello, por eso la ciencia no puede encontrarlo.

Imaginemos un dibujante pintando una historieta de muchas viñetas. En las primeras viñetas los protagonistas viven un problema y no tienen ni idea de cómo lo van a resolver. En las viñetas siguientes el problema inicial va acarreando consecuencias sobre la historia. En las últimas viñetas los protagonistas por fin solucionan el problema.

El dibujante está fuera. Puede ver toda la historia entera en un segundo, puede percibir la evolución psicológica de los personajes y puede reírse de que los personajes intenten buscar explicaciones a su realidad ¡sin poder salirse de sus viñetas!

Me imagino que así es como Dios, el Creador, nos ve. A veces nos ponemos a investigar el big-bang con el que se inició el universo y pretendemos que eso demuestra que Dios no existe, que el mundo se ha creado a sí mismo. A veces miramos al cielo y, al ver sólo aviones y estrellas creemos que eso demuestra que Dios no está ahí donde los antiguos dijeron que estaba. Todos estos ejemplos son iguales a lo que ocurre si los personajes de un comic se ponen a buscar al dibujante en la primera viñeta o en la última. No lo encontrarán ni lo podrán comprender nunca, desde su mundo bidimensional.

Nosotros estamos también “enjaulados” en el espacio y el tiempo, del que no podemos salir. Todos nuestros razonamientos se basan en comparar y relacionar conceptos que hemos experimentado previamente. Todo nuestro vocabulario describe realidades que existen en el espacio y el tiempo. ¿Cómo será Dios, si lo ha creado todo desde fuera? La única manera de conocerlo sería que se acercara a nosotros, que se materializara de alguna manera en nuestra historia.

Bien, Dios ya ha dado ese paso de darse a conocer. Las palabras que lo describen llevan veinte siglos en los evangelios.

No se me ocurre mejor manera de explicar esto (que Dios lo ha creado todo, incluso el espacio tridimensional y el tiempo) hace más de 10 siglos que la manera en la que lo explica el cap. 1 del Génesis o el capítulo 1 del evangelio de S. Juan. A partir de esas explicaciones hoy podemos sacar nuestras conclusiones y el mensaje igualmente que hace 20 siglos. Ese es un éxito que el actual lenguaje pomposo de la ciencia no se puede atribuir: el explicar cómo es Dios y cómo son las cosas importantes de manera que se puedan comprender a lo largo de muchos siglos y mentalidades diferentes.