EL NUEVO TESTAMENTO

14 abril 2009

En el Nuevo Testamento no hay que dar, en mi opinión, la misma consideración a los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) que al resto (hechos de los apóstoles, cartas de apóstoles y apocalipsis). Los evangelios muestran un mensaje dirigido a nosotros. El propio Jesús lo dice: “Yo soy el camino”, “Seguidme a mí”, etc. Las parábolas que cuenta y las casualidades que le ocurren tienen siempre un significado que debemos deducir y meditar. Debemos, mirándole a Él tal como está descrito en esos cuatro evangelios, conocer y apreciar a Dios. Y, si nos gusta lo que vemos, ese Dios que se entrega totalmente, entonces el corazón nos pedirá que nos impliquemos más. Y también querremos conocerlo mejor leyendo más en el evangelio.

Los otros libros y cartas del Nuevo Testamento muestran aspectos más parciales y mandamientos más concretos dirigidos a comunidades cristianas concretas. Voy a aclararlo con un ejemplo:

“Y toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza; es como si estuviera rapada.

Por tanto, si una mujer no se cubre la cabeza, que se corte el pelo. Y si es afrentoso para una mujer cortarse el pelo o raparse, ¡que se cubra!“

(I Corintios 11, 5-6)

Es evidente que este mandamiento no se debe aplicar hoy día. Ni siquiera la jerarquía católica lo toma en serio.

Un seminarista me explicó hace muchos años algo así como que en Corinto había mucha prostitución, y las prostitutas se diferenciaban por llevar el pelo suelto o no sé de qué manera. Total, que allí el llevar el pelo de una manera o cubrirse tenía un significado diferente de la insustancialidad que hoy día tiene para nosotros ese detalle.

Yo, la conclusión que extraigo es la siguiente: en las cartas de los apóstoles aparecen mandamientos que aplican las enseñanzas de Jesús a pueblos concretos y situaciones concretas, mezclados con otros mandamientos que sí van dirigidos a todos. ¿Cómo distinguir unos de otros? Todos hay que considerarlos como mínimo interesantes porque algo llevan de razón y de aplicabilidad, aunque haya que esforzarse por entenderlos en su contexto histórico. Pero sólo los que encajen con el mensaje de Jesucristo en los evangelios deberán aplicarse al pie de la letra. Lo digo porque hay algunos mandamientos en las cartas de San Pablo que muestran contundencia en temas en los que Jesucristo era más flexible. Por ejemplo, leed 1 Corintios 5, 1-5. Suena a cruel condena a muerte de un pecador. Leyendo el resto del capítulo, San Pablo parece defender la idea de que simplemente se expulse a los malvados fuera del grupo de los cristianos, pero las palabras empleadas en el versículo 5 están entonces mal elegidas, porque parece demasiado claro que hablan de matar al acusado.

En resumen, que encontraremos a Dios más claramente y mejor descrito en los cuatro evangelios que en el resto del Nuevo Testamento. Así, por lo tanto, leamos los cuatro evangelios hasta que conozcamos suficientemente bien cómo es Dios.