¿Hay gato encerrado en esta vida?

17 abril 2009

Si me pongo en medio de una pista de baloncesto, le doy una patada al balón con los ojos cerrados y lo cuelo dentro de la canasta que tengo 20 metros detrás de mí, un escéptico dirá “¡Qué casualidad más asombrosa!”.

Si vuelvo a intentarlo por segunda vez y vuelvo a colar la pelota por la canasta, el escéptico que me ve repetirá “¡Asombroso, pero puede ser simple casualidad!”.

Si repito el experimento 30 veces y vuelvo a meter la pelota, el escéptico puede decir lo que quiera, pero yo creo que el sentido común lleva a pensar que ahí hay algo más que casualidades: que hay “gato encerrado”, que hay un “truco”.

Los escépticos nos llaman “crédulos” a los cristianos, despectivamente, como si creyeran que su postura de despreciar todo lo que no sea ciencia demostrada es más sensata que la nuestra.

Pensemos en un ojo humano. En su interior tiene una retina, un cristalino y otros muchos componentes totalmente distintos unos de otros, todos imprescindibles para una correcta visión. Si la retina estuviera situada unos milímetros más atrás o más adelante ni dicha retina ni el resto de componentes del ojo servirían de nada.

Siguiendo la teoría de la evolución de las especies de Darwin, los órganos de nuestro cuerpo proceden de mutaciones que dieron lugar a descendientes más evolucionados y capacitados que sus antepasados. Si una mutación da lugar a un deterioro o a la creación de un órgano inútil, ese órgano inútil se atrofia y desaparece al cabo de varias generaciones. Sólo los órganos útiles para algo se conservan, como lo demuestra el hecho de que ni uno sólo de los órganos de nuestro cuerpo resulta inútil.

¿Qué mutación se produjo antes, la que dio lugar a la retina o la que dio lugar al cristalino? No es creíble pensar que se produjeron simultáneamente porque son dos órganos totalmente diferentes el uno del otro. Si se produjo antes la mutación que daba lugar a la córnea, sin cristalino etc. no servía de nada por lo que habría desaparecido. Y un cristalino sin cornea a la distancia justa y con un globo ocular transparente por en medio tampoco serviría de nada y por tanto se atrofiaría al cabo de varias generaciones.

La perfección con la que está construido un ojo humano, más perfecto que la mejor cámara digital actual que el ser humano es capaz de construir no demuestra nada en relación a la existencia de Dios. Puede perfectamente haber salido así por casualidad. Pero hay que ser crédulo (por lo menos tan crédulo como se dice que somos los cristianos) para pensar que la casualidad lo explica todo.