LA LUZ Y LA LIBERTAD

19 abril 2009

Supongamos que estoy en una habitación llena de peligros pero está la luz apagada. Al no ver los peligros creo que soy libre para moverme en cualquier dirección. ¡Me siento libre!

Supongamos ahora que encienden la luz. Veo los peligros, me atemorizo y siento que no soy tan libre como creía, porque hay unas cuantas direcciones que no puedo tomar. De todas maneras, creo que en este segundo supuesto, aunque me sienta menos libre, es con luz como se tiene la auténtica libertad. Sólo con luz hay verdadera libertad.

Dos consecuencias se extraen de este ejemplo:

  • Cristo nos da la libertad porque nos hace abrir los ojos por fin, y darnos cuenta de la realidad, de lo falso y vacío que es el mundo si nos basamos sólo en la superficialidad.
  • ¡No a la censura! ¡La información y la luz siempre es preferible a la oscuridad, aunque sea desagradable lo que se ve! En general a lo largo de la historia cuando la iglesia y los cristianos hemos tenido autoridad, hemos implantado censuras, controlado la información que recibe la gente (en principio adulta) y promulgado prohibiciones y decretos que obligan a todos (también los no cristianos) a comportarse de acuerdo con la moral cristiana (con la excusa muchas veces de “no escandalizar” a los cristianos).